Los eternos
problemas de Piura
en tiempo de lluvia
Los problemas de Piura en tiempos de lluvia se repiten porque desde el año 1983 no hemos actuado con un criterio técnico ni responsabilidad para poder disminuir en todos los campos los efectos de las lluvias. El sábado, con la primera lluvia que se registró en Piura las calles amanecieron inundadas con agua y lodo, las obras inconclusas se convirtieron en grandes piscinas de lodo y dificultaron aún más el paso de la gente y, lo más probable, es que terminen costando más de lo planificado “por culpa de la lluvia”.
Las deficiencias no sólo las hemos visto en las calles, también en las viviendas porque en todos los sectores los vecinos lidiaron con sus techos llenos de agua, las entradas a sus domicilios con lodo y el atoro de los desagües. El mercado “modelo”, volvió a ser el gran pantano fétido. A esos problemas le hemos sumado el aprovechamiento de algunos transportistas de querer cobrar más para trasladar a los piuranos de un lugar a otro.
Las lluvias que Senamhi anuncia para este mes no van a ser tan intensas como las de 1983 ó 1998 y otros años siguientes, pero igual causan estragos y dificultades en el normal desarrollo de las actividades de la ciudad y la vida cotidiana. Eso es señal que, a pesar de ser ya un fenómeno constante no le tomamos importancia y que actuamos hasta con irresponsabilidad y cometemos los mismos errores al realizar obras, al construir nuestras viviendas, etc.
La temporada de lluvias ya está, como casi todos los años, de vuelta y frente a este fenómeno natural que no podemos detener, lo que nos falta a los piuranos es una capacidad organizativa y técnica para que los impactos y daños sean cada vez menores.
¿Cuándo aprenderemos? Eso es algo incierto, porque con cada lluvia, con cada fenómeno de El Niño nos asustamos, hablamos de mejorar, nos organizamos, determinamos unas prioridades, pero cuando deja de caer el agua, nuevamente nos olvidamos como si tuviéramos una vocación de ser damnificados eternos, cuando eso bien lo podríamos revertir con un liderazgo técnico, recursos y una permanente conciencia de que no hay que esperar las lluvias para actuar.
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