Editorial

Funcionarios
evaluados

Esta semana se acaba de anunciar que el Ejecutivo, a través de la Autoridad Nacional del Servicio Civil, evaluará a los servidores públicos. La medida parece acertada si es para los fines que se anuncia: determinar sus carencias y brindarles capacitación especializada para las actividades que desarrollan.

El aparato estatal es lento, burocrático y no tiene una capacitación permanente. No tienen la capacitación que necesitan porque la estabilidad laboral se ha convertido en un elemento determinante. Como no hay posibilidad de despido, como el sueldo será el mismo hagan bien o mal su trabajo, entonces no tienen ninguna preocupación ni motivación que los haga buscar capacitaciones.

Son pocos los trabajadores que dentro del Estado se capacitan de manera constante no por una cuestión de salario, sino para mejorar ellos como profesionales y poder brindar un mejor servicio. Los casos son contados y, a diferencia de otros sectores, en la administración pública el problema no es el sueldo porque muchos de estos trabajadores además de sus sueldos reciben otros incentivos.

La medida de evaluarlos nos permitirá determinar cuál es la situación en la que se encuentran y qué tipo de capacitación es la que necesitan, pero también falta determinar si luego de esa capacitación su rendimiento y las innovaciones que realizan para brindar un mejor servicio aumentan. El Estado no puede invertir en capacitaciones que luego no rendirán su fruto. Debe obtenerse un beneficio profesional, pero también de mejora en la calidad del servicio que brindan.

Esto también exige capacitaciones, no las de cualquier institución ni que sean iguales para todos, sino de acuerdo a las deficiencias que se evidencian y que deben superarse. Las capacitaciones deben estar a cargo de universidades nacionales y extranjeras de prestigio comprobado.

Hay un tema adicional que debería ser preocupación también en esta fase: el tema ético en el ejercicio de la labor pública. No nos sirve solamente tener servidores públicos con conocimientos, nos importa más que los servidores públicos sean buenas personas con principios que rijan su vida y el ejercicio de su actividad.

Eso no se impone con una ley, pero sí se puede orientar, sí se puede enseñar con el ejemplo de lo que ha ocurrido para bien de otras sociedades cuando el servidor público no sólo es eficiente en lo que le corresponde, sino que es una buena persona. Si no se trabaja el aspecto ético con el del conocimiento de la mano, el segundo caerá sobre arena árida, sin posibilidad de rendir frutos. El Estado habrá gastado en capacitar a quien no lo valorará y sólo le servirá para ascender o acumular un certificado más en su hoja de vida, pero no para servir a la sociedad.

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