POLLITAS TIERNAS V
Un callejón aún sin salida
Un día más y aquí estoy. Esperando al más leve destello de esperanza para una de cientos de vidas atrapada sin salida. Camino sin rumbo por las calles de esta ciudad de 700 hospedajes, la mayoría usados para encuentros sexuales. Deambulo al final de la tarde cuando sus cientos de mujeres explotadas se alistan para mostrar la pierna y pelar el diente por 40 soles la jarra de cerveza. Apuro el paso para no ser asaltado en las cantinas de Tacalá, y de Los Algarrobos, y del Indio y del sector Oeste, esos focos del otro sexo, el popular. Sé que detrás de algunas de esas puertas, también hay niños sin padre conocido, ignorando que su mamá ausente no volverá hasta después de prostituirse porque fue traída de Tarapoto o Iquitos, o Bagua, y tiene deudas impagables, y vive condenada a acostarse por siempre por 180 soles el cliente. Tal vez sus hijos terminen engrosando el medio millón de menores peruanos explotados sexualmente, según el portal La Calle Sin Nombre. Lucesita, al menos está a salvo de esa vida indigna. Husmeo al final de la tarde los avisos de empleo en Ecuador, pegados en las paredes del mercado. Mirando jovencitas entre brazos de borrachines en las cantinas traseras, hago tiempo mientras espero un final para esta historia. “Pollitas Tiernas”, lleva cuatro días publicándose por entregas, y toca concluir.
Pero sigo sin saber cuál será el final. Esperaba algún desenlace, sino feliz, al menos esperanzador. Pero la incertidumbre, las huellas de la maldita esclavitud del siglo XXI, insisten en quedársele impregnadas a Aki. Después de colaborar con una de las investigaciones más complejas y reveladoras de trata de blancas en Piura, después de recibir visitas de profesionales del Mindes e incluso de la Unidad de Protección de Víctimas y Testigos del Ministerio Público, la protagonista de este drama, sigue con su vida en pausa. Más de dos semanas después de refugiarse en la comisaría, aún no ha sido albergada en alguna casa refugio. Algunas mafias persiguen durante años a sus víctimas que han escapado, pero el Perú –según el vicepresidente de Capital Humano y Social, Alberto Arenas- no tiene centros para jóvenes que están huyendo de la explotación sexual. Los tres que tiene el Inabif en Iquitos, Cusco y Callao sólo albergan a víctimas adolescentes y la casa refugio del Mindes en Piura sólo recibe víctimas de violencia familiar.
Los policías que protegen a Aki habían gastado hasta ayer 260 soles en alimentarla. Y, lo peor, aún no cesa en ella su temor a represalias o a que esas personas de las que huye vuelvan a controlar su voluntad. ¿Realmente el peligro aún no ha pasado? Tal vez no. “Cuando una de estas víctimas intenta salir de esa vida y le cuenta su caso a las autoridades, si no encuentra la ayuda que esperaba por parte de aquellos en quienes confió, terminará convenciéndose aún más de que está en un callejón sin salida donde sólo están los victimarios y ella. Y lo más probable es que vuelva a esa vida”, advierte Arenas. Pero opina que Aki podría ser llevada a una de las casas refugios privadas vinculadas al Mindes. ésa fue la promesa de la gente de Emergencia Mujer, asegura ella, cuando una le preguntó a dónde irá. Pero hay muchos casos similares al suyo no tan alentadores. Según Arenas, de más de 570 víctima de trata rescatadas hasta ahora por la PNP en el país (a través del sistema Reta), no todas han recibido protección.
Aún si la ex dama de La N es llevada a otra ciudad, el Estado sólo cubrirá los gastos de ida, pero no hay un fondo para que regrese a su lugar de origen una vez se reincorpore socialmente. Su familia debe costear esos gastos. Aki no cree que eso sea posible. Su hermana y cuñado, si bien le están cuidando a su hija de un año, a quien ya bautizaron con otro apellido, y sin consultarle, están indignados con ella, por haber regresado al night club. Se niegan a ayudarla. “Yo sé que su hermana no quiere saber nada con ella”, me dijo Papi, hace unos días.
Un delito invisible
La trata y diversas formas de explotación laboral y sexual, así como el tráfico de órganos humanos vienen siendo perseguidas penal e internacionalmente desde el año 2000 cuando se firma el Protocolo de Palermo y se tipifica a este conjunto de conductas criminales como trata de personas.
En el Perú, la tipificación de la trata de personas incluye además la venta de niños que enmascara ciertas formas de adopción ilegal y la mendicidad. Sin embargo, a nivel nacional sólo ocho de los más de 200 casos de víctimas rescatadas mediante el sistema Trata de la Polocía han terminado en sentencias a los acusados, según CHS.
Después de Lima, Cusco es la ciudad con más casos de trata de personas en el país, según la ONG. La División de Trata de Personas (Divintrap) reportó hasta agosto pasado 23 casos y 41 víctimas rescatadas. Piura siempre aparece, pero más como ruta que como ciudad de destino. Al igual que el narcotráfico, aquí el negocio y explotación sexual aumenta por ser un delito invisible. Al momento en que esta investigación se realizaba, un administrador de un conocido night club de Piura, continuaba laborando menos de tres años después de haber sido detenido y encarcelado por trata de menores.
-¿Qué espera el Mindes para darle refugio a Aki?
Le pregunté al especialista legal del Centro Emergencia Mujer en Piura, Carlos Arcaya, días después de su entrevista con Aki. Me recibió en su oficina de Castilla una tarde en que ya no había público. Era la primera vez que el Centro intervenía en un caso así, de trata con acusaciones e información concreta y el jurista me pide no revelar por prevención dónde se esconde la denunciante. Como hombre de leyes me habló que todo está en etapa preliminar de las investigaciones, de averiguaciones y pesquisas policiales que debían terminar para establecer si hay o no peligro realmente para la víctima, y si hay o no trata de personas, ese delito es sancionado en el Perú con más de 25 años de cárcel. Quien tipificará el delito será la Tercera Fiscalía encargada del caso, dijo. Y señalo que esperaba un documento acusatorio de la fiscal Fabiola Campos, para enviar a Aki a una casa refugio con la que ya habían coordinado. Aunque, la otra posibilidad –y la más probable en su opinión por cómo veía las investigaciones- era que la Fiscalía ordene ampliarlas, por no estar muy convencida y que para ello tiene 120 días de plazo.
-Claro, tampoco es que ella pueda quedarse en la Policía por mucho tiempo. Cuando los efectivos policiales digan ya no podemos albergarla, vamos a tener que decidir dónde la tenemos provisionalmente.
-¿No es posible darle más atención a este caso, teniendo en cuenta que otras víctimas en su misma situación tal vez están pendientes de lo que le pasa a ella, para romper también con quienes las retienen?
-Efectivamente. Pero es parte de la investigación policial
- ¿El CEM cómo la viene apoyando?
- Con asesoría legal. Vamos a evaluar la situación de su hija. Pero todo está en función de cómo terminen las investigaciones.
¿Y cuándo termina?
“No puedo decirlo. El Ministerio Público (aún) no está interviniendo en ese caso. Me parece, lo está manejando el Mimdes y la Policía”, se limitó a decir, días después, la fiscal Fabiola Campos.
Días después, con la libreta llena de notas sobre mujeres atrapadas, deambulo por el mercado entre puestos alumbrados por los últimos rayos. A pocos pasos de un viejo aparato de radio en que escucho voces infantiles cantando “yo sé cuidar mi cuerpo”, dos jovencitas oyen atentas el discurso de un mulato semidesnudo que parece estar vendiéndoles dos aparatos celulares. Sólo parece. La sexta vez que paso por el lugar, siguen allí. El maquillaje en sus caras rosadas empieza a humedecerse. Se nota que no son de Piura. Podría jurar que son pollitas nuevas recibiendo sus herramientas de trabajo. Una rubia bamba se despide de los tres.
Las deja a merced del hombre. Como si acabara de entregar mercadería.
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